Caso práctico: la reunión que se retrasa

30 Julio 2008

Este es el primero de una serie de casos prácticos que espero plantear. Mi intención es que intentes ponerte en la situación que describo e intentes determinar cómo reaccionarías o actuarías si te vieses en una situación similar.

Imagina que estás en una reunión con otras cuatro o cinco personas, trabajando, muy enfrascados. Habéis comenzado después de comer, sobre las 16:30, y tenías previsto acabar sobre las 18:30. A las 19:00 tienes que estar en otro lugar de la ciudad, a unos pocos kilómetros de tu lugar actual (piensa en otro edificio, un lugar que te requiera coger el coche o un transporte público). Son ya las 18:15 y todavía no habéis cubierto ni la mitad de la agenda prevista; parece claro que la reunión no va a terminar a tiempo. Temes llegar tarde a la siguiente reunión, y sabes que tus compañeros no tienen prisa, y son capaces de extenderse horas y horas, porque no tienen compromisos después. Miras el reloj y son ya las 18:25. ¿Qué haces?

Ojo. No me digas lo que crees que yo espero oír. Dime lo que tú harías de verdad. O, si lo prefieres, dime lo que tú harías de verdad, y después lo que te gustaría hacer. O dime lo que sea, pero explícalo. :-)


Principios de Peopleware

30 Julio 2008

Me gustaría comenzar mi andadura en Laetril escribiendo acerca del tema que DeMarco y Lister exponen en el capítulo 1 de Peopleware. Debemos tener en cuenta que Peopleware es un libro más o menos basado en la industria del software y tecnologías relacionadas, pero estoy convencido de que gran parte de lo que dice, si no todo, se puede extrapolar con facilidad a cualquier otro sector que esté basado en el trabajo con el conocimiento.

Para empezar, los autores señalan que los problemas fundamentales de nuestro trabajo son habitualmente sociológicos, y casi nunca tecnológicos. Esto puede sorprender a muchos, sobre todo (y esta es mi opinión personal) a aquellas personas con menos experiencia técnica. En concreto, los autores dicen haber estado siguiendo el progreso de múltiples proyectos a lo largo de varios años, muchos de los cuales han fracasado, y aseguran no haber encontrado jamás un solo proyecto que haya fracasado a causa de razones tecnológicas; todos los proyectos fracasados que ellos han encontrado lo han hecho a causa de razones sociológicas.

DeMarco y Lister también apuntan, en relación con lo anterior, que, en cierto modo, es lógico que los problemas suelan ser de índole sociológica y no tecnológica, porque, al fin y al cabo, los asuntos tecnológicos son mucho más fáciles de resolver. Como dicen ellos, es mucho más fácil instalar un disco duro que comprender por qué Horace está de mal humor o por qué Susan está descontenta en su trabajo tras unos pocos meses en la empresa. En mi opinión, quizá este ejemplo no sea de lo más afortunado, porque instalar un disco duro no es el problema técnico más complejo que nos podemos imaginar, ¿verdad? Sin embargo, estoy de acuerdo con los autores en el principio subyacente. Pensemos en el ejemplo que pensemos, los problemas tecnológicos más enrevesados siempre van a ser sencillos al lado de los problemas sociológicos más complejos.

Este tema tiene numerosas ramificaciones. Podría relacionarlo con el modo en que las empresas evalúan a los candidatos para sus puestos de trabajo: ¿le pregunto qué es un completion port o le pido que me explique cómo organizaría un videoclub? Podría relacionarlo con la forma en que los investigadores invertimos nuestro tiempo: ¿cuánto he tardado en producir mi último paper, las 11 horas que me llevó escribirlo, o las 37 horas que, en total, tardé en organizar su publicación? Podría relacionarlo con los motivos por los que las personas se quedan o se marchan de una empresa: ¿qué les ofrezco a mis técnicos para que estén contentos y no se vayan, más dinero o un ambiente de trabajo más agradable?

Y tú, ¿qué opinas?


Hola

30 Julio 2008

Hola, y bienvenido a Laetril.

He decidido comenzar este blog después de que varias personas me hayan pedido explicaciones sobre mis repetidas referencias a algunos libros en mi blog principal, Nothing Ever Happens, o en conversaciones de café. En particular, libros como Peopleware o The Mythical Man-Month, o algunos fragmentos de libros de Steve McConnell, Joel Spolsky y otros autores, parecen ser temas recurrentes de conversación, así que quizá merezcan este espacio.

Este blog se llama Laetril, que es el nombre abreviado del compuesto químico que en inglés se llama laevomandelonitrile. Menciono el nombre en inglés porque es la única manera de comprender de dónde viene la palabra “laetril”: Delaevomandelonitrile se obtiene laetrile por contracción, y esto se españoliza a laetril. El laetril, o vitamina B17 (que no es una vitamina), es una sustancia que se extrae del hueso de las ciruelas y frutos relacionados, aunque creo que también se puede obtener de forma sintética. En el siglo XIX algún listo dijo que servía como cura contra el cáncer y la gente se lo creyó, pero más tarde se demostró que no es cierto. Es más, el laetril es un compuesto de azúcar más cianuro, fíjate que combinación más maquiavélica: nada menos que dos moléculas de glucosa, tan dulces ellas, enlazadas a una molécula de cianuro, veneno mortal. De hecho, el laetril no solo no cura el cáncer, si no que te puede matar si te tomas una cantidad suficiente, por dulce que parezca.

Además de las razones químicas, Tom DeMarco y Timothy Lister, los geniales autores de Peopleware, usan el laetril para dar nombre y tema metafórico a uno de los capítulos de dicho libro. El laetril es la solución a todos tus problemas, la droga mágica, el remedio que esperabas… pero que, cuando lo pruebas, no funciona. Ya, ya sé que todo el mundo dice que mola mucho. Pero no, no funciona. ¿Es posible que algo que está tan de moda, algo que todo el mundo sabe que funciona, realmente no funcione? Pues ya ves.

Mi intención en este blog es compartir mis ideas acerca de cómo podemos mejorar la forma en la que realizamos nuestro trabajo, y cuando digo “nuestro”, me refiero a los que somos trabajadores del conocimiento, es decir, usamos fundamentalmente nuestra mente para manipular información como modo de trabajo. Esto no solo incluye a los informáticos y demás geeks; si tu herramienta principal de trabajo es un ordenador y/o cualquier otro instrumento de representación de información, entonces eres un trabajador del conocimiento casi con total seguridad, y por lo tanto te pueden interesar leer este blog.

Espero tocar temas relacionados con la organización del espacio de trabajo, la organización de los equipos de personas, le gestión de la información (tal como emails) y las buenas prácticas de dinámica de grupo (cómo llevar una reunión, por ejemplo). Piensa por un momento que mi background tiene mucho de ingeniero y poco de psicólogo, por lo que apuesto que lo que en este blog vas a leer va a desviarse significativamente de lo que a menudo se considera la ortodoxia en estos campos.

Y ya basta de introducción, ¿no?