Llamada para pre-docs

30 Septiembre 2008

Lo dicho. Si quieres hacer el doctorado en tecnologías de la información aplicadas al patrimonio cultural y ser beneficiario/-a de una estupenda beca y contrato, avísame antes del 30 de Noviembre.

Puedes bajarte aquí el texto completo del “call” en castellano e inglés.


Buscando personas para mi equipo

25 Septiembre 2008

Como dije en un post reciente en mi otro blog, estoy intentando formar un equipo para trabajar en tecnologías de la información aplicadas al patrimonio cultural. Me gustaría contar con un buen desarrollador de software con experiencia en .NET y también con un estudiante pre-doctoral que quisiese hacer la tesis en ingeniería de software aplicada a problemas de arqueología o similares.

¿Conoces a alguien? ¡Ya sabes dónde encontrarme!


Una nueva ética del teléfono

23 Septiembre 2008

En “La Maldición del Escorpión de Jade“, de Woody Allen, una serie de personajes son hipnotizados de tal modo que la mera mención de cierta palabra delante de ellos (la palabra era “Constantinopla”, creo recordar) los impulsa a dejar de inmediato todo cuánto estuviesen haciendo en ese momento y dedicar toda su atención al propósito para el cual habían sido “programados” mediante el hipnotismo previo. Estas personas son, aparentemente, individuos normales. Se comportan de modo normal, tienen vidas normales. Pero en cuanto oyen la palabra mágica (“Constantinopla”), su mirada se fija en el infinito, sus músculos se tensan, y se convierten en robots al servicio de su hipnotizador.

Ya sé, solamente es una película. Pero cada día observo comportamientos parecidos a mi alrededor. El hipnotizador es nuestras costumbres, las víctimas somos todos (o casi todos), y la palabra mágica es el sonar del teléfono.

Si no me crees, mira a tu alrededor. Fíjate en un espacio de trabajo cualquiera. Busca una persona que esté concentrada en sus tareas, ya sea con su ordenador, o conversando con otra persona, o leyendo. Suena su teléfono. Nuestra pobre víctima deja lo que está haciendo, independientemente de cuál sea su importancia, y descuelga.

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Abolir los horarios

16 Septiembre 2008

Creo que deberíamos abolir los horarios.

Me refiero a las horas pre-establecidas de entrada y salida. Ya sabes: eso que respondes cuando alguien te pregunta: ¿a qué hora se entra aquí a trabajar? Creo que deberíamos evitar establecer a qué hora “se entra” y a qué hora “se sale”, porque esos conceptos (“se entra”, “se sale”) no tienen sentido. En este post te lo voy a explicar.

Para comenzar, dejemos clara una cosa. Los horarios regulan la presencia de las personas. Es decir, regulan si las personas están en la oficina o no. Por ejemplo, en una empresa donde trabajé hace una temporada teníamos un horario de 9:00 a 18:30. Eso garantizaba (más o menos) que las personas estaban en la oficina entre esas horas (salvo la pausa para la comida, claro). Es más, muchas empresas y organizaciones están tan obsesionadas con monitorizar la presencia de sus empleados que instalan dispositivos de control de presencia, como los conocidos relojes de fichar.

Podríamos preguntarnos ahora: ¿por qué se empeñan nuestros managers en querer regular nuestra presencia mediante horarios y dispositivos asociados? Creo que la razón clave es que muchos managers asocian estar con trabajar, es decir, presencia con producción. Piensan así: “si Alice está, entonces Alice trabaja; si Alice no está, entonces Alice no trabaja”. Para que Alice trabaje, tiene que estar aquí, así que nada más fácil que establecer ciertas normas regulando cuándo tiene Alice que estar presente, y asunto resuelto. Sin embargo, las cosas no son tan sencillas.

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Organizando las vacaciones

5 Septiembre 2008

Hace unos días que llegué de mis vacaciones de verano. Y qué mejor tema para tratar hoy que, precisamente, las vacaciones. A menudo me he encontrando hablando con la gente acerca del mejor modo de controlar o regular la forma en que las personas de una empresa u organización se cogen las vacaciones, para que la ausencia de cada uno impacte lo menos posible en la marcha del trabajo. En otras palabras, se trata de responder a la pregunta: ¿cómo podemos organizar las vacaciones de todos para que el trabajo se vea lo menos afectado posible?

Lo primero que tenemos que admitir para poder llegar a una conclusión es que esta pregunta es poco rigurosa, porque decir “lo menos afectado posible” es como no decir nada. “Lo menos posible” es cero, nada, nil, nulo. Eliminamos las vacaciones y listo: el trabajo sigue su curso. Evidentemente, eso no es posible por varias razones, así que tenemos que encontrar un equilibrio entre este extremo y el extremo opuesto, es decir, no pensar en absoluto en las necesidades del negocio y permitir que las personas organicen sus vacaciones como les plazca.

Permíteme que te cuente una experiencia personal. He trabajado en empresas privadas pequeñas y multinacionales, en organizaciones del gobierno, en universidades españolas y extranjeras, y en todos estos sitios he visto sistemas muy diversos para intentar obtener una respuesta “ideal” al problema de las vacaciones. Lo curioso, y muy interesante, es que todas las organizaciones en las que he trabajado intentaban resolver el mismo problema, pero las soluciones que utilizaban eran diferentes y, a menudo, completamente contradictorias. Por ejemplo: según una empresa en la que trabajé en España, una norma que ayuda mucho a que el trabajo se vea menos interrumpido por las vacaciones de la gente es obligar a las personas a agrupar las vacaciones en bloques tan grandes como sea posible. Según otra empresa con la que colaboré en Australia, una técnica muy útil es, precisamente, fomentar que la gente fragmente sus vacaciones tanto como pueda. Fíjate que estas dos opciones son justo opuestas; tiran en direcciones contrarias. Me cuesta creer que las dos sean correctas.

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