31 Octubre 2008
Trabajo en un edificio antiguo, en el caso viejo de Santiago de Compostela. Es un edificio bonito, restaurado hace unos años, y acondicionado como centro de trabajo de varios organismos oficiales y de investigación. Desafortunadamente, el arquitecto que hizo la reforma, o las personas que lo asesoraron, pensaron más en dejar las cosas bonitas que funcionales, y el resultado es que trabajar aquí es bastante incómodo. En otro momento explicaré por qué este edificio falla por todas partes como espacio de trabajo. Pero hoy quiero centrarme en algo mucho más concreto.
Mi despacho no tiene un interruptor de la luz. Hay un tubo fluorescente en el techo, sí. Pero no hay interruptor para encenderlo o apagarlo. El interruptor que enciende y apaga mi luz está en el pasillo, junto a la puerta de acceso al mismo. Claro, en este pasillo hay más despachos que el mío, y todos se encuentran en la misma situación: sus interruptores de la luz se encuentran en un panel, junto a la puerta de entrada al pasillo, en vez de estar cada uno en su despacho correspondiente.
El primer día, cuando llegué a mi despacho, tardé un poco en encontrar el interruptor de la luz. Cuando vi el panel con varios interruptores al lado de la puerta del pasillo, me imaginé que uno podría ser el que encendería mi luz. Como no sabía cual, tuve que probar con varios hasta que acerté. Como consecuencia de mis pruebas, apagué momentáneamente las luces de los despachos de un par de compañeros mientras ellos estaban dentro, trabajando. Lo sé porque los oí quejarse. “¡¡Luces!!”
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Espacio de trabajo | Etiquetado: arquitectos, flujo, interrupciones, interruptor, luces, Santiago de Compostela |
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Escrito por cesargon
18 Octubre 2008
Alguna vez he mencionado la idea de que un buen jefe trabaja para sus empleados, y no al revés. Normalmente asumimos que, en una estructura jerárquica convencional (pensemos en una organización taylorista), los obreros trabajan para los patrones, y éstos para sus jefes, y así hasta llegar a la cúspide; en otras palabras, la corporación trabaja para servir al jerarca máximo.
Este modelo quizá sea óptimo en cuanto al producto que se podría extraer de cada individuo si éstos fuesen piezas mecánicas de una gran maquinaria, como el taylorismo asume. Sin embargo, no lo son. No lo somos. Los individuos tenemos la mala constumbre de poseer sentimientos, ser volátiles, tener días buenos y días malos, ser diferentes unos de otros, ser extremadamente diferentes unos de otros, ponernos enfermos, abandonar el trabajo. Y, así, no hay quien juegue con las reglas tayloristas.
Con este panorama, propongo invertir la dirección del servicio. Asumamos, por un momento, que son los jefes los que trabajan para sus empleados, e intentemos comprobar si esto tiene sentido o no.
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Coordinación, Personal | Etiquetado: empleados, inversión, jefes, jerarquía, taylorismo |
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Escrito por cesargon
6 Octubre 2008
Un amigo me pidió el otro día que explicara las implicaciones prácticas de mi post reciente acerca de la nueva ética del teléfono. Parece ser que este post es un poco abstracto y no es fácil extraer recomendaciones prácticas. Intentaré responder aquí a las cuestiones que planteaba mi amigo.
¿Debo entonces no responder al teléfono nunca?
No. Debes responder al teléfono selectivamente, dependiendo de lo que estés haciendo cuando suena. Del mismo modo que priorizas otras tareas y decides cuál va antes de cuál otra, haz lo mismo con el teléfono. Cada vez que suene, decide si esa llamada tiene prioridad sobre lo que estás haciendo en ese momento o no. Si estás haciendo algo muy importante o que requiere máxima concentración, puedes no responder a nadie. Si estás haciendo algo rutinario, poco urgente y sin prioridad, puedes responder a todas las llamadas. Tú eliges. Pero elige conscientemente.
Yo, por ejemplo, jamás cojo una llamada cuando estoy en una reunión, o cuando estoy hablando cara a cara con alguien. Me parece una falta de respeto enorme. Cuando estoy solo trabajando con el ordenador, entonces puedo coger alguna llamada, dependiendo de lo concentrado que esté. Muchas veces dejo que me dejen un mensaje en el contestador, y cada par de horas, cuando hago un descanso, compruebo los mensajes y respondo las llamadas que me parecen urgentes.
Todo esto, evidentemente, funciona mejor cuando sabes quién te llama, como en el caso de los móviles y algunos fijos. Pero también se puede aplicar cuando no lo sabes.
¡No responder al teléfono nunca sería un desastre!
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Táctica | Etiquetado: teléfono |
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Escrito por cesargon