Borja Prieto escribe en Desencadenado acerca de la productividad de su hija de 7 años. Muy divertido y recomendable.
Las buenas maneras a través del email
12 diciembre 2008Ya he explicado cómo escribir un email, e incluso cómo leer un email. Hoy voy a contarte algunas cosas acerca de cómo mantener las buenas maneras, o la buena educación, en tus comunicaciones por email. Algunos lo llaman etiqueta. Otros lo llaman, simplemente, ser cívico.
El email es bastante nuevo en nuestra sociedad. Cuando las personas de mi generación estudiamos en el colegio y formamos nuestras personalidades, el email no existía todavía. Por esta razón, es de esperar que no sepamos comportarnos ante un medio tan desconocido. Solamente en los últimos años hemos comenzado a aprender el modo de interactuar con el email y mediante el email. Las únicas personas que ya se han educado en un entorno donde el email es ubicuo son las que hoy son adolescentes, y esas personas no utilizan el email en su trabajo porque aún no trabajan. O sea, que podemos decir que el trabajador del conocimiento típico, al que va dirigido este blog y este post, se enfrenta al email como algo nuevo, que le exige una adaptación ya de adulto, con la dificultad que esto entraña.
La princesa y el guisante
20 noviembre 2008Érase una vez una princesa tan delicada, tan delicada, tan delicada, que cuando dormía sobre siete colchones de plumón de pato de Madagascar apilados uno sobre el otro, podía sentir un guisante colocado bajo el colchón inferior.
La princesa eres tú.
El guisante son los problemas cotidianos, los imprevistos, el caos, la desorganización del mundo exterior.
Los colchones son tu jefe, tus compañeros, tus herramientas de trabajo.
Te lo explico con un par de ejemplos.
El teléfono en la práctica
6 octubre 2008Un amigo me pidió el otro día que explicara las implicaciones prácticas de mi post reciente acerca de la nueva ética del teléfono. Parece ser que este post es un poco abstracto y no es fácil extraer recomendaciones prácticas. Intentaré responder aquí a las cuestiones que planteaba mi amigo.
¿Debo entonces no responder al teléfono nunca?
No. Debes responder al teléfono selectivamente, dependiendo de lo que estés haciendo cuando suena. Del mismo modo que priorizas otras tareas y decides cuál va antes de cuál otra, haz lo mismo con el teléfono. Cada vez que suene, decide si esa llamada tiene prioridad sobre lo que estás haciendo en ese momento o no. Si estás haciendo algo muy importante o que requiere máxima concentración, puedes no responder a nadie. Si estás haciendo algo rutinario, poco urgente y sin prioridad, puedes responder a todas las llamadas. Tú eliges. Pero elige conscientemente.
Yo, por ejemplo, jamás cojo una llamada cuando estoy en una reunión, o cuando estoy hablando cara a cara con alguien. Me parece una falta de respeto enorme. Cuando estoy solo trabajando con el ordenador, entonces puedo coger alguna llamada, dependiendo de lo concentrado que esté. Muchas veces dejo que me dejen un mensaje en el contestador, y cada par de horas, cuando hago un descanso, compruebo los mensajes y respondo las llamadas que me parecen urgentes.
Todo esto, evidentemente, funciona mejor cuando sabes quién te llama, como en el caso de los móviles y algunos fijos. Pero también se puede aplicar cuando no lo sabes.
¡No responder al teléfono nunca sería un desastre!
Una nueva ética del teléfono
23 septiembre 2008En “La Maldición del Escorpión de Jade“, de Woody Allen, una serie de personajes son hipnotizados de tal modo que la mera mención de cierta palabra delante de ellos (la palabra era “Constantinopla”, creo recordar) los impulsa a dejar de inmediato todo cuánto estuviesen haciendo en ese momento y dedicar toda su atención al propósito para el cual habían sido “programados” mediante el hipnotismo previo. Estas personas son, aparentemente, individuos normales. Se comportan de modo normal, tienen vidas normales. Pero en cuanto oyen la palabra mágica (“Constantinopla”), su mirada se fija en el infinito, sus músculos se tensan, y se convierten en robots al servicio de su hipnotizador.
Ya sé, solamente es una película. Pero cada día observo comportamientos parecidos a mi alrededor. El hipnotizador es nuestras costumbres, las víctimas somos todos (o casi todos), y la palabra mágica es el sonar del teléfono.
Si no me crees, mira a tu alrededor. Fíjate en un espacio de trabajo cualquiera. Busca una persona que esté concentrada en sus tareas, ya sea con su ordenador, o conversando con otra persona, o leyendo. Suena su teléfono. Nuestra pobre víctima deja lo que está haciendo, independientemente de cuál sea su importancia, y descuelga.
Escrito por cesargon