El jefe trabaja para sus empleados

Alguna vez he mencionado la idea de que un buen jefe trabaja para sus empleados, y no al revés. Normalmente asumimos que, en una estructura jerárquica convencional (pensemos en una organización taylorista), los obreros trabajan para los patrones, y éstos para sus jefes, y así hasta llegar a la cúspide; en otras palabras, la corporación trabaja para servir al jerarca máximo.

Este modelo quizá sea óptimo en cuanto al producto que se podría extraer de cada individuo si éstos fuesen piezas mecánicas de una gran maquinaria, como el taylorismo asume. Sin embargo, no lo son. No lo somos. Los individuos tenemos la mala constumbre de poseer sentimientos, ser volátiles, tener días buenos y días malos, ser diferentes unos de otros, ser extremadamente diferentes unos de otros, ponernos enfermos, abandonar el trabajo. Y, así, no hay quien juegue con las reglas tayloristas.

Con este panorama, propongo invertir la dirección del servicio. Asumamos, por un momento, que son los jefes los que trabajan para sus empleados, e intentemos comprobar si esto tiene sentido o no.

Piensa, por ejemplo, en una empresa que construya carreteras. Esta empresa empleará, sin duda alguna, a  muchos obreros capaces de cavar, manipular asfalto, conducir excavadoras y, en general, realizar las tareas necesarias para construir carreteras. Me refiero a construir carreteras de verdad; estas personas son las que, con sus manos, de forma directa (lo más directamete posible), crean el producto final que la empresa genera: las carreteras. No son intermediarios sino los auténticos productores.

Por supuesto, esta empresa necesita emplear, además de a estos obreros, a otras personas que los gestionen y los coordinen. ¿Por qué? Por lo siguiente. Además de las labore que llevan a cabo los obreros, existen otras labores que es necesario realizar cuando se construye una carretera, como, por ejemplo, asegurarse de que el proveedor de hormigón entrega a tiempo su producto, obtener los permisos de obras necesarios en cada momento, negociar las expropiaciones de terrenos que sean pertinentes, o mantener unas buenas relaciones con el equipo de arqueólogos que realiza el seguimiento de impacto. Si los obreros tuviesen que hacer todo esto, nunca terminarían de construir la carretera, que, como hemos dicho, es el objetivo final de la empresa.

Mi propuesta, entonces, es que el jefe de los obreros es una persona que la empresa emplea para que se ponga al servicio de los obreros, y cuya misión es, simplemente, eliminar cualquier barrera que los obreros puedan encontrar para el desempeño de su trabajo.

Dicho de otro modo, el jefe tiene la misión de actuar como escudo protector para los obreros, evitando que éstos tengan que sufrir los efectos de estas otras tareas que, si bien son necesarias, no atañen al objetivo final de la empresa. El jefe es, en este sentido, un agente, un asistente personal, un secretario de altos vuelos que hace lo que sea necesario por cuidar a “sus chicos” y tenerlos bien protegidos de interferencias externas. De este modo, estarán contentos, trabajarán cómodos y a gusto, producirán más, y tanto la empresa como las personas saldrán ganando.

Evidentemente, este enfoque se puede aplicar a todos los niveles de la jerarquía. Cualquier “jefe”, a cualquier nivel, puede verse como un servidor de las personas que están justo “a su cargo”. Esto tiene sentido porque, si lo piensas bien, en casi cualquier empresa u organización, son las personas de menor rango las que realmente hacen el trabajo. Por algo les llaman “curritos”. Las demás personas, que tienen rangos superiores y cobran más, son overload. Son gestión, sobrecarga, superestructura necesaria, en todo caso, para gestionar a la auténtica maquinaria productiva de la empresa.

Pasar a ser un jefe-servidor solo implica cambiar de mentalidad. Nada más, y nada menos. Cuando trabajas en esta clave, dejas de devanarte los sesos pensando en cómo satisfacer a tu jefe, y comienzas a pensar en qué puedes darle a tus empleados. Yo me suelo preguntar a menudo:

  • ¿Qué obstáculos se están encontrando mis chicos hoy en su trabajo?
  • ¿Cómo puedo hacer que mis chicos estén más a gusto en la oficina?
  • ¿Con qué cosas están perdiendo tiempo?
  • ¿Hay alguien de mi equipo que no sonría, que no esté manifiestamente contento?

Además, soy consciente de que, como jefe, soy el defensor y representante de “mis chicos” frente a otras instancias en la empresa. Defiendo sus intereses y siempre intento que salgan lo mejor parados posible de cualquier situación.

Y tú, ¿qué opinas?

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