La princesa y el guisante

Érase una vez una princesa tan delicada, tan delicada, tan delicada, que cuando dormía sobre siete colchones de plumón de pato de Madagascar apilados uno sobre el otro, podía sentir un guisante colocado bajo el colchón inferior.

La princesa eres tú.

El guisante son los problemas cotidianos, los imprevistos, el caos, la desorganización del mundo exterior.

Los colchones son tu jefe, tus compañeros, tus herramientas de trabajo.

Te lo explico con un par de ejemplos.

Esta es una secuencia de eventos ficticia, pero muy similar a una en la que me vi envuelto hace unos años:

Bob: Voy a tener que pedirte unos días más de plazo para entregarte el informe del proyecto SuperPlus.

Alice: Vaya. Me habías dicho que te sobraría el tiempo.

Bob: Ya, yo también creí que me sobraría el tiempo. Pero Claire no me pasó los gráficos para montar en los apéndices hasta ayer por la tarde, así que hasta la semana que viene no voy a poder dártelo. ¿Qué tal para el miércoles al mediodía?

Alice: Vale, si no queda más remedio.

(más tarde…)

Daniel: Hola, Alice. ¿Cómo va el informe que me prometiste para este jueves?

Alice: Pues mal, la verdad. No voy a poder entregártelo hasta la semana que viene.

Daniel: Pero…

Alice: ¡Lo siento! Es que Bob, que lo está preparando para que yo lo pueda supervisar, no me lo puede entregar hasta el miércoles. Así que no te lo voy a poder pasar hasta el jueves por lo menos.

Daniel: Menuda faena. La jefa quería verlo durante el fin de semana para la junta del lunes. ¿Y qué le digo yo ahora?

Alice: Buf… Pues no lo sé. Yo no puedo hacer mucho, la verdad.

(más tarde…)

Daniel: Mmmm… Creo que el informe de actividad no va a estar listo hasta el viernes que viene, Ellen.

Ellen: ¿El viernes que viene? Pero lo necesito para la junta del lunes. Me habías dicho que este viernes estaría listo, ¿no?

Daniel: Sí, porque Alice de márketing me lo había prometido. Ahora dice que no sé quién no se lo tiene listo y que hay que esperar.

Ellen: (piensa) “necesitamos mejores colchones”

¿Qué te llama la atención en esta secuencia de conversaciones? Como ves, un retraso en una entrega por parte de una persona (Claire) que no tiene listos unos gráficos a tiempo se transmite de una persona a otra, cambiando de forma poco a poco, tomando mayor importancia a cada paso, hasta llegar a impactar en la directora de la empresa, que se queda sin un informe crucial para una junta de socios. Observa cómo cada persona de la cadena echa las culpas a la persona anterior: Daniel menciona a Alice (“Alice de márketing me lo había prometido”), Alice a Bob (“Bob […] no me lo puede entregar hasta el miércoles”), y Bob a Claire (“Claire no me pasó los gráficos”). Además, cada uno se “lava las manos” en cuanto a su responsabilidad, intentando hacer ver que la culpa del problema recae en otra persona: Daniel alega que “[Alice] dice que […] hay que esperar”, Alice dice que “Yo no puedo hacer mucho”, y Bob dice que “hasta la semana que viene no voy a poder dártelo”. Nadie parece hacerse responsable del problema.

Gráficamente, así lo veo yo:

Malos colchones

Malos colchones

Fíjate como el guisante, en la parte inferior de la figura, crea una distorsión en los colchones que se propaga, capa tras capa, hasta la parte superior. O, dicho de otra manera, el problema inicial (guisante) se transmite, capa tras capa, hasta alcanzar niveles lejanos a su origen que poco saben de sus razones de procedencia. Cada colchón es una metáfora de una persona, un grupo, una herramienta o un procedimiento.

La “distorsión de guisante” es inevitable. Lo que podemos hacer para contrarrestarla es buscar colchones que la amortiguen. Mira:

Mejores colchones

Mejores colchones

En esta figura, unos colchones un poco mejores consiguen, poco a poco, amortiguar la distorsión de guisante. Esto es equivalente a una situación de este tipo:

Bob: Voy a tener que pedirte unos días más de plazo para entregarte el informe del proyecto SuperPlus.

Alice: Vaya. Me habías dicho que te sobraría el tiempo.

Bob: Ya, yo también creí que me sobraría el tiempo. Pero Claire no me pasó los gráficos para montar en los apéndices hasta ayer por la tarde, así que hasta la semana que viene no voy a poder dártelo. ¿Qué tal para el miércoles al mediodía?

Alice: Hagamos una cosa. Entrégame lo que tengas este viernes, como hemos acordado, aunque vaya sin los gráficos. Y entrégame la versión completa, con gráficos incluidos, el miércoles que viene. ¿De acuerdo?

Bob: Vale, muy bien.

En este escenario, Alice “absorbe” parte de la distorsión que le pasa Bob. Es como un colchón que produce un bultito un poco más pequeño que el bultito del colchón inmediatamente inferior. Desde cierto punto de vista, es una manera de asumir las responsabilidades de uno, de decir “me he comprometido con alguien en producir un resultado, y el hecho de que una tercera persona me esté fallando no es razón suficiente para que yo falle también”. Esta línea de razonamiento es el principio del fin del insomnio para nuestra princesa.

Aunque cada persona en la cadena de responsabilidad amortigüe la distorsión de guisante un poquito, no podemos garantizar que el resultado final vaya a ser perfecto, como se ve en la figura anterior. Sigue existiendo un ligero bulto en el colchón superior. A veces es posible, sin embargo, lograr que el resultado final que se produce no sufra disminución de calidad alguna (y utilizo aquí la palabra “calidad” en su sentido más amplio), como se muestra a continuación:

Buenos colchones

Buenos colchones

Para la princesa que descansa encima, el guisante no existe. O, en metáfora organizativa:

Daniel: Hola, Alice. ¿Cómo va el informe que me prometiste para este jueves?

Alice: Un poco retrasado, la verdad. Te lo entregaré en fecha pero con unos gráficos perliminares que elaboraré yo misma mientras me preparan los definitivos, que te pasaré el miércoles que viene.

Daniel: Vaya. Siento que tengas que hacer eso.

Alice: No pasa nada. Al menos podrás tenerlo en plazo.

Daniel: Muchas gracias. La jefa quiere verlo durante el fin de semana para la junta del lunes, así que lo agradecerá.

(más tarde…)

Daniel: Me imagino que el informe de actividad que estamos preparando para que te lleves este viernes no necesita los gráficos definitivos, ¿verdad? Con una versión preliminar es suficiente para la junta del lunes.

Ellen: Sí, por supuesto. Solo necesito echarle un vistazo a las tendencias generales.

Daniel: Muy bien.

Como ves, Ellen (la directora) no sufre los efectos de los problemas y retrasos que se han producido “corriente arriba”, gracias a la buena gestión de varias personas y, en concreto, a su proactividad y capacidad de asumir responsabilidades. Yendo más allá, está claro que cada uno de nosotros debe de tender hacia convertirse en un colchón perfecto, capaz de amortiguar cualquier guisante, por gordo que sea:

Colchón perfecto

Colchón perfecto

Una idea fundamental que podemos enunciar ahora es:

Se delega el trabajo, no la responsabilidad.

Es decir, cuando Ellen le pide a Daniel que le prepare un informe, Daniel tiene dos opciones: o bien lo prepara él mismo, o bien delega parte del trabajo. Pero haga lo que haga, Daniel ha de saber que él, y solamente él, es responsable de entregar el informe a Ellen en el plazo pactado y en las condiciones pactadas. Cómo lo consiga no es problema de Ellen. Si Daniel decide componer el informe él mismo, muy bien. Si decide delegar la totalidad del trabajo a su equipo, pues él sabrá. Si prefiere encargarse él de algunas partes, y delegar otras partes a otra persona, pues también vale. Pero, en cualquier caso, el único responsable ante Ellen (que es la “clienta” de Daniel a efectos de esta tarea) es Daniel. El modo específico que Daniel utilice para conseguir realizar la tarea debe de ser transparente, invisible e irrelevante para Ellen.

Podrías preguntar por qué. Muy sencillo. Porque si no, se producen distorsiones de guisante sin amortiguar. Es decir, aparecen cadenas en las que unas personas se pasan la responsabilidad del fallo de compromiso unas a otras, y nadie es responsable de nada. Por eso, el responsable es el proveedor directo. Igual que cuando vas a comprar una lechuga al supermercado: si está pocha, esperas que el supermercado te la reemplace o te devuelva el dinero; no aceptas que se excuse echándole la culpa al transportista o al agricultor y te pida que negocies con ellos.

He visto situaciones muy ridículas. Nunca te dejes engañar: si alguien se compromete contigo en hacer un trabajo para ti, por pequeño que sea, exígele la reponsabilidad que ha contraído. No permitas que, cuando no cumplan su parte del trato, se excusen echándole la culpa a otras personas. No admitas cosas como:

  • “Es que fulano no me ha pasado los datos que necesito.”
  • “Es que estoy super liada.”
  • “Yo no puedo hacer más; les pedí a mengano y fulano que me enviaran la información hace una semana, pero no me responden.”
  • “Es que hemos tenido un imprevisto.”

Todas esas son excusas baratas y nada profesionales. Cuando uno se compromete a hacer una cosa, no debe de hacerlo a la ligera. Por eso, asume siempre que cuando alguien contrae un compromiso contigo, tiene la certeza casi absoluta de que será capaz de completar su parte del trato. Es su responsabilidad hacerlo.

7 respuestas a La princesa y el guisante

  1. Morgan dice:

    Qué gran verdad cuentas !! es cierto que en alguna ocasion no he podido evitar decir que la culpa la tenia otro, pero por norma general suelo asumir la responsabilidad de lo que me fue asignado. Precisamente porque la sociedad carece de empatia social y organizativa. La gente hace lo que ve… es decir “alla donde fueres haz lo que vieres”. Y al final se crean organizaciones bonitas lllenas de excusas. Lo peor es cuando la tarea a realizar no lleva mas de una mañana y la cosa se va alargando alargando … ad infinitum.. y claro, los plazos y consecuencias se agrandan y agrandan ….. la vagancia se contagia y la desidia es el activador del proceso….
    La verdad es que en el mundo de la empresa no es buen sintoma decir que tienes tu la culpa . Los datos son claros…… aqui entramos en lo bien que se vende un trabajador dentro de la red organizativa…

  2. Ana dice:

    interesting Mr. Bond!🙂 so true!

  3. cesargon dice:

    Hombre, yo creo que venderse bien puede funcionar durante un tiempo. Pero, al final, si el producto no es de buena calidad, la cosa canta. Si vendes humo, se dan cuenta. Si el crecepelo no te hace crecer el pelo, te van a emplumar. O sea, que a los trabajadores desidiosos que se venden bien pero no asumen responsabilidades se les detecta al poco tiempo, ¿no?

  4. Tarandeira dice:

    Muy interesante… aunque en la práctica existe el riesgo de que quien acabe velando por la comodidad de la delicada princesa no sea el aguerrido príncipe azul sino su humilde paje. ¿Que propones para evitar el peligro de que que acabe recayendo siempre en una misma persona el rol de amortiguador/a?.

  5. cesargon dice:

    Tarandeira: esa es una muy buena pregunta. Más de una vez he visto organizaciones donde una persona era conocida por sus excelentes dotes de “amortiguación de desperfectos”, y tanto era así, que los más “jetas” cada vez se preocupaban menos de hacer las cosas bien, confiando en que esta persona corrigiese sus desperfectos. Evidentemente, esta situación no es deseable, porque la persona que tanto amortigua puede acabar quemada y frustrada. Además, es injusto.

    Si miras la figura titulada “Buenos colchones”, verás que el sistema que describo funciona cuando cada individuo en la organización colabora un poquito para la amortiguación de los problemas. Cada “colchón” absorbe una pequeña parte del impacto, repartiendo el esfuerzo. Una situación en la que solamente un colchón haya de absorber la totalidad del impacto, mientras los demás se despreocupan, es una situación viciada, y habitualmente fácilmente detectable mediante las técnicas que he descrito en mis posts sobre vigilancia y confianza.

    Espero que estos comentarios hayan aclarado algo.🙂

  6. Sandra dice:

    xD muy divertido lo de “mejor colchon” y eso, yo tambien pienso eso!!

  7. […] La princesa y el guisante noviembre, 2008 6 comentarios 4 […]

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: