La paja en el ojo ajeno

Rara vez utilizo este blog como foro de opinión. Pero creo que, esta vez, puedo dar mi opinión e ilustrar, al mismo tiempo, un tema importante directamente relacionado con nuestra forma de trabajar.

Aitor me indica en Facebook que José Ramón Alonso, rector de la Universidad de Salamanca, ha publicado un breve artículo en El País digital titulado “Una Universidad nueva”. En este artículo, Alonso explica lo que, a su juicio, “un universitario necesita saber y saber hacer”. Me imagino que por “un universitario” debemos entender “un alumno universitario”, y no “un profesor universitario”. De hecho, la palabra “alumno” aparece de vez en cuando en el texto.

Pues bien. Alonso enumera nada menos que once cosas que los universitarios deberían de saber y saber hacer, incluyendo saber leer, saber escribir, saber hablar, tener disciplina, conocer las nuevas tecnologías, tener cultura general y poseer una visión ética. A mí me parece estupendo; sería maravilloso que todos los alumnos universitarios fuesen así.

Sin embargo, mi mente calenturienta realiza, casi de forma automática, el siguiente experimento. Intercambio las palabras “alumno” y “profesor” a lo largo de todo el artículo y lo vuelvo a leer. ¡Y todo sigue teniendo sentido!

¿Qué te dice esto? A mí me dice que todo lo que Alonso reclama de los estudiantes, bien se puede reclamar de los profesores también. ¿No sería estupendo que todos los profesores fuesen capaces, y cito (casi) textualmente, de:

  • Someter a juicio crítico lo que un autor afirma.
  • Llegar a conclusiones propias, personales.
  • Comunicar con claridad.
  • Respetar los tiempos y usar apoyos efectivos.
  • Ser leales con sus compañeros y consigo mismos.
  • Saber expresarse en inglés con soltura y tener ciertas habilidades en, al menos, otro idioma.
  • Saber configurar una cuenta de correo, usar una hoja de cálculo, construir una base de datos y editar un texto.
  • Romper con los decálogos, con tradiciones estúpidas, con criterios de rebaño, con el qué dirán y el me da lo mismo.
  • Tener una visión ética.

Sí, sería estupendo. Pero creo que es utópico pedir tanto a un profesor de universidad. ¿Desde qué posición puede, entonces, Alonso pedir lo mismo a un estudiante universitario? Al fin y al cabo, los profesores son los que enseñan, los que ya están formados, los mentores y a los que acudimos como referencia del saber y el buen hacer. Si ellos no dan la talla, ¿cómo podemos pedirle a alumno que la dé? Quizá debería Alonso examinar a la plantilla de su universidad primero, y ver cuántos de sus titulares superan el “examen” que él mismo ha diseñado en su artículo de El País.

Esta crítica ilustra un punto muy simple, pero a menudo olvidado. Antes de exigir o demandar algo de alguien (un individuo o una comunidad), asegúrate de ser capaz de recibir lo que pides. Por “recibir”, quiero decir evaluar la respuesta, o recoger el peso, o sostener la responsabilidad, según sea el caso. Alonso está demandando que sus alumnos sean brillantes en una serie de aspectos en los que sus profesores seguramente suspenden; esto no es legítimo.

Es más. Si un día apareciese un alumno que cumpliese todo lo que Alonso le pide, creo que éste debería de destituir a un profesor de su universidad ipso facto y ofrecer su puesto a dicho alumno, porque éste, sin duda, será más merecedor de él.

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