Contra el vicio de pedir…

Mi madre siempre dice que “contra el vicio de pedir está la virtud de no dar”. Es un refrán un poco maquiavélico, pero no deja de ser cierto, y muy aplicable en un montón de escenarios. Sin ir más lejos, se me ocurre asociarlo a esas situaciones, de las cuales probablemente habrás vivido unas cuantas, en las que la empresa u organización para la que trabajas te pide compromiso.

¿Compromiso?

Sí, compromiso. Te piden que creas en la empresa. Que lo des todo. Que vayas a muerte con ellos, como me dijo una vez un jefe que tuve. Que adoptes los valores corporativos. Que te entregues a la causa, vaya.

No puedo evitar sonreír cínicamente ante semejantes demandas. Cada vez que un jefe mío me ha pedido cosas de este estilo, he pensado en mi madre y su refrán. No porque yo no quiera dar. No porque yo no quiera creer en la empresa, o darlo todo, o entregarme a la causa. ¡Al revés! ¿Qué hay más bonito, más apasionante que creer en un proyecto, entregarse a él en cuerpo y alma y darlo todo? ¿Qué hay más maravilloso que ir a muerte con algo? Pocas cosas. El problema que estos jefes no ven es que estas cosas no se piden. No se pueden pedir. Es inútil. Si no te salen de dentro, estás perdido. Es como pedirle a alguien que ame, que odie o que sienta algo. Cuando un jefe me pide que crea, que me entregue, que vaya a muerte, no me deja más remedio que ver en él a una persona patéticamente desesperada.

Pero vayamos más allá. ¿Por qué un jefe haría algo así? ¿Por qué pedirle a un empleado que crea, que se entregue y que adopte los valores corporativos? Creo que es por la convergencia de dos razones:

  • Por una parte, el jefe está convencido (o tiene la sospecha) de que el empleado no cree, no está entregado, o no comparte los valores corporativos. Quizá tenga razón; quizá no.
  • Por otra parte, el jefe no conoce otro modo de conseguir que el empleado crea, se entregue y adopte los valores corporativos. El único modo que se le ocurre es pedírselo. O, en el peor de los casos, exigírselo.

En relación con el primer punto, es cierto que algunos jefes pecan de ser control freaks que adoran la microgestión, y solamente están tranquilos cuando adquieren la sensación de tener todo bajo su más absoluto control. No necesitan tener las cosas bajo control (esto es imposible); les basta con tener la sensación de que es así. Por eso, estos jefes necesitan que les reafirmes, una vez tras otra, y los convenzas de que crees, que te entregas, que vas a muerte con ellos. El menor atisbo de duda los pone nerviosos.

Pero no dramaticemos. No todos los jefes son así. Esto no es afortunado necesariamente; si aceptamos la máxima de que cuanto más cerca trabajan dos personas, más probable es que sus grados de profesionalidad sean parecidos, entonces no nos queda más remedio que concluir que una organización donde los empleados están desmotivados y no creen en el proyecto también tendrá jefes desmotivados y que no creen en el proyecto. Una de las consecuencias de esto es que, ante tal situación, una salida habitual para el jefe no es, precisamente, dedicar tiempo y esfuerzo a buscar formas de incentivar y motivar al personal; más bien al contrario, el jefe tenderá a pasar olímpicamente del problema, igual que lo hacen sus empleados.

Es interesante (y necesario) considerar el caso opuesto, donde el jefe sí tiene interés y ganas, y sí desea contar con personal que crea en el proyecto, que se entregue a él, y que adopte los valores corporativos. ¿Cómo es posible obtener estas contribuciones de los empleados? No pidiéndoselas, desde luego. Y mucho menos exigiéndoselas. ¿Cómo entonces?

Esperando a que los empleados las ofrezcan.

Charles Heckscher sugiere en “The Post-bureaucratic Organization” que los empleados solamente desarrollarán su compromiso para con la organización si esta proporciona las siguientes contrapartidas a los empleados:

  1. El trabajo a desarrollar debe de ser razonablemente exigente con el empleado en términos no solo de resistencia física, y debe de proporcionar variedad.
  2. Es necesario que cada trabajador sepa cuáles son sus responsabilidades, cómo debe de llevarlas a cabo, y cómo hacer esto beneficia a los objetivos de la organización.
  3. Es necesario que el empleado aprenda en el contexto de su trabajo.
  4. Es necesario que exista cierto ámbito de toma de decisiones dentro de cada trabajo, dentro del cual el empleado pueda ejercitar su buen juicio.
  5. Cada empleado debe saber que puede apoyarse en los demás cuando lo necesite, y que sus contribuciones son apreciadas por los demás.
  6. Cada empleado debe de ser consciente de que su trabajo lo conduce a un futuro deseable.

Creo que Heckscher refleja, de forma brillante, los puntos clave sobre los cuales una organización puede fundamentar su estrategia para conseguir que sus empleados (al nivel que sea) desarrollen, sin que nadie se lo pida, un fuerte compromiso con lo que hacen. Si eres un alto manager de una organización y te ves en la tentación de pedir a tus empleados que crean, que se entreguen o que adopten los valores corporativos, espera un momento, lee la lista de arriba, y piensa que seguramente será más útil para la organización implementar políticas basadas en esos puntos que pedir o exigir cosas a la gente.

Una respuesta a Contra el vicio de pedir…

  1. JOSE JULIAN dice:

    Simplemente recomendar la lectura de fish, cada cual tiene el inmenso poder de elegir una actitud ,con lo dificil que es vivir en sociedad creo que todos ahorrarimamos mucha energia sembrando buenos pensamientos ,expresiones y obras ,y no hacer mas que bien al que nos envidia .reprochar a los demas termina amargandonos la vida aunque tengamos toda la razón. Que mejor opcion hay que ser tu propio jefe y entender lo complicado que puede ser.Por ultimo ,es triste que pedir y aun mas robar ,aunque sea una sonrisa.Por seo las empresas comunican sus valores

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